Este Blog es para expresar y compartir pensamientos y vídeos tomados libremente de la web, que son afines a mi pensar, siempre dando a conocer la procedencia de los mismos con todo respeto y admiración a sus escritos
“¿Quieres decir que quieres un sentido para la vida? ¿Está esta gracia, esta maravilla y pides un significado, también? ¿No es suficiente ser el Universo experimentándose a sí mismo? ¿Ser Dios maravillado con su creación ¿Ser las suaves gotas de lluvia otoñales, los vastos y misteriosos océanos y las flores que brotan en primavera? ¿Ser cada organismo a medida que se concibe, naciendo y muriendo en una sucesión perfecta? ¿No es suficiente ser el Todo jugando como el Todo? ¿Y sigues pidiendo un significado? ¿Sigues llamando a cada momento ‘ordinario’? ¿Sigues olvidando la santidad de un solo aliento? Oh cariño, no te has dado cuenta de que tu misma existencia es milagrosa, que está empapada de un significado inconmensurable que solo se hace evidente cuando dejas de buscarlo.
Durante los últimos años he platicado con cientos de personas de todo el mundo que se autodenominan “adictos”. Seamos claros - no sólo los “adictos” son adictos. Todos somos adictos de diferentes maneras, al trabajo, al alcohol, a la pornografía, al juego, al sexo, al poder, a tener siempre la razón, a probar nuestra valía, a revisar nuestro correo electrónico cada 5 minutos. Incluso, podemos hacernos adictos a las enseñanzas espirituales, a la meditación, a los gurús, a los retiros, a libros, a los satsangs. Pero la raíz de toda adicción es la misma - nuestra adicción hacia nosotros mismos. Nuestra adicción a mantener y a nutrir “mi” historia. Y subyacente a esto, nuestra adicción a salir de este momento, a escapar de las molestias buscando alguna clase de liberación. Nuestra adicción hacia el momento siguiente…
Recuerdo que de pequeño regresaba de la escuela sintiéndome a veces solo, triste e incomprendido, probablemente después de haber sido intimidado por mis compañeros o después de que se burlaban de mí en el autobús de la escuela. Llegaba directamente al refrigerador o a la despensa y, cuando nadie me observaba, me devoraba cualquier bocadillo que pudiera encontrar. La comida hacía que mi tristeza se fuera, o así parecía. Por unos pocos y preciosos instantes me sentía reconfortado, satisfecho, lleno - ya no había ese vacío en mí ni me sentía incompleto. Aparentemente la comida hacía que mi “hambre” desapareciera. Había llenado el vacío. Y mi estómago…
En realidad no quería comida, por supuesto, sino amor y aceptación. Comía para que el dolor de vivir desapareciera. Incluso a esa temprana edad, ¡comía para vivir! Pero, por supuesto, no tenía forma de articular esto en ese momento. ¡Simplemente me sentía hambriento! sólo tenía la urgencia de comer. No era realmente comida lo que yo quería - era amor, y vida. Tenía deseos de sentirme vivo. Estaba intentando y fallando al comerme la vida. Estaba tratando de comerme a mí mismo.
Ésta era un hambre cósmica, un anhelo muy profundo de ser tomado en cuenta, de ser incluido, de ser visto, de ser validado. Y si los otros no podían hacerlo, tal vez los chocolates sí. Todo eso era una expresión de una profunda hambre por la vida, hambre de recordar lo que yo era realmente - ese vasto océano de consciencia en donde las olas de pensamiento, sensaciones y sentimientos tienen absoluta libertad para surgir y desaparecer. Yo estaba ignorando mi verdadera adicción - con el deseo de recordar lo que yo era me estaba volviendo falsamente adicto a algo. Me tomó años y años darme cuenta de esto y empezar a enfrentar mi dolor en lugar de huir de él, a recordar en lugar de olvidarme de mí mismo, a descubrir que eso que realmente soy, jamás podría ser adicto a nada.
Más tarde, mis adicciones cambiaron hacia otros objetos y hacia otras personas y después, finalmente, todo este asunto se proyectó hacia mi búsqueda por la iluminación. La iluminación se convirtió en el objeto de adicción final. Vivía y respiraba enseñanzas espirituales hasta que empezaron a generar efectos secundarios. Pero no estuve satisfecho hasta que todo ese ciclo se rompió, justo en donde había comenzado.
Como individuos, todos somos adictos, en el sentido en que huimos del momento presente en cierto grado. Todos evitamos pensamientos y sentimientos, tratamos de no sentirlos, los ignoramos, nos distraemos de ellos, nos medicamos o meditamos o nos vamos de compras. Por un instante, pareciera como si la comida, el alcohol, el sexo, el gurú, la droga, la fama, tuvieran el “poder” de eliminar la tristeza, el dolor; el sentimiento de soledad, de vulnerabilidad y de aislamiento, y por último, la muerte misma. Pareciera como si la persona, el objeto o la sustancia tuviera el poder de “arreglar” la vida. Pero, por supuesto, pronto el “efecto” desaparece, el “subidón” desaparece y luego viene una especie de bajón, una especie de culpa y todas esas olas rechazadas y no deseadas regresan, algunas con mayor intensidad, y estamos de vuelta en esa fuerte identificación. Y después se nos antoja todo de vuelta. Posteriormente sentimos una mayor necesidad de la persona o de la sustancia. Y el ciclo continúa. ¿Qué es lo que rompe el ciclo?
RECONOCER NUESTRO MALESTAR EN LUGAR DE HUIR DE ÉL, AUNQUE SUENE MUY DESCABELLADO. Ahí es en donde el ciclo puede empezar a romperse. Entrar en comunión con esas olas antes rechazadas y darnos cuenta que todas ellas tienen un hogar en nosotros - la tristeza, la soledad, el miedo, la vulnerabilidad. Como el océano de la consciencia, somos lo suficientemente vastos para aceptar cada una de ellas. Tienen permiso para llegar a nosotros, pero no pueden definirnos. Y así, enfrentar nuestros impulsos en lugar de evitarlos, encontrando una forma de estar con nosotros mismos en el ahora sin tener que movernos hacia un “futuro”. Así es como el mecanismo de la adicción puede empezar a disolverse.
Normalmente cuando surge algún impulso o urgencia, o tratamos de ignorarlo, tratamos de no sentirlo, o bien, actuamos sobre él. Solemos juzgar el impulso como malo o erróneo o incluso “enfermo”. Sin embargo, hay un punto medio - el encuentro del que yo hablo, esta profunda aceptación, este “estar con”, sin una agenda. Encarar el impulso o la urgencia hace que ésta desaparezca y se rinda sin tiempo, y además, sin daño. Sentarse con la urgencia, dejando que se queme, permitiendo que esté allí con toda su intensidad, y después observar cómo todos esos pensamiento e imágenes surgen - ya sabes, la imagen de un delicioso pastel de chocolate, de una cerveza; esa película del pensamiento en donde te ves felizmente comiendo o bebiendo, de cuando tus problemas han desaparecido, esas películas de una liberación y una salvación inminente, de amor, de paz - y permitiéndoles estar ahí también. Y estar ahí con todas las sensaciones que surgen, incluso las incómodas. Y después también permitir la ira - con esa extraña superstición primaria de que si permitimos que la urgencia permanezca ahí terminaremos “actuando en consecuencia”, o que nos quedaremos “atascados” y nunca saldremos de ello, o que simplemente nos vencerá. Todos los juicios rondando. Sintiendo que necesitamos de inmediato “hacer algo” sobre esa urgencia. Y, después de todo esto, recordarte como ese amplio espacio abierto, el vasto océano de la vida en donde todas las olas ya han sido aceptadas. Y saber, después, que ninguna cantidad de alcohol, sexo, drogas, chocolate, palabras, imágenes o sentimientos puede generarte una profunda aceptación en este momento - porque eso es lo que tú ya eres y lo que siempre has sido. Aquello que tanto deseas, en un nivel más profundo, ya está aquí. Tú ya eres eso que buscas, como todas las enseñanzas espirituales a través de los años nos han estado recordando.
Lo único que estamos haciendo es buscarnos a nosotros mismos, en millones de formas diferentes, y el chocolate o el alcohol o los casinos nunca han tenido el “poder” de llevarnos de vuelta a casa, nunca. Nuestros gurús nunca han tenido el poder que nosotros proyectamos en ellos. Perdemos la fe en los gurús del cigarro y del alcohol, y regresamos a nosotros, confiando profundamente en nuestra propia experiencia una vez más, en una forma en que nunca pudimos hacer cuando éramos pequeños.
La adicción se deshace desde dentro. Ya que lo que somos está naturalmente en paz, naturalmente no-adicto, naturalmente completo, sin la necesidad de gente externa u objetos que lo complementen. Es aquí donde el círculo de la adicción - que es el ciclo del ser - puede ser roto, justo donde empezó. Esta es la exploración que toda adicción e indudablemente todo sufrimiento nos invita a hacer, independientemente de que nos veamos a nosotros mismos como “adictos” o no.
Cuando te sientas ansioso no pretendas no estar ansioso, porque eso alimenta la ansiedad, le añade una capa adicional.
Aquello de lo que huyes siempre te persigue. No ocultes tu malestar ni te distraigas de él, ni finjas estar ‘bien.’ Comer, beber, ir de compras, empastillarte, hablar sin parar, silbar, andar de prisa en forma irracional, apresurarte para revisar tus mensajes o querer ponerte en contacto con tus amigos de inmediato, tratar de controlar todo lo que te rodea, darle vueltas y vueltas a la idea de 'yo y mi atareada vida,’ todas estas son formas de evitar el hecho de que estás ansioso, son formas de abandonarte cuando más lo necesitas. Respira. Siente tus pies en la tierra, tu vientre elevándose y relajándose con cada respiración. No pienses en tu ansiedad ni cómo deshacerte de ella - ese es el viejo paradigma. ¡Siente la ansiedad plenamente! Localízala en tu cuerpo - ¿se siente en tu barriga, en el pecho, en la garganta, en la cabeza? Olvida la palabra 'ansiedad’ (porque es una palabra de segunda mano) y siente directamente las sensaciones vivas que están ahí, momento-a-momento, sin intentar deshacerte de ellas o detenerlas, sin siquiera desear que desaparezcan. Date la oportunidad de ser curioso y ver lo que está vivo en tu cuerpo en este momento, las sensaciones físicas de este momento. Sal del pasado y el futuro y sumérgete en la presencia. Respira en las sensaciones, dignifícalas con tu aliento, con oxígeno, con vida, con tu amorosa atención. ¿Sientes mariposas en el estómago? ¿Tus músculos se sienten tensos? ¿Qué músculos? ¿Podrías brindarle a todo ello una amorosa atención y respirar allí? Hazles saber a las sensaciones que tienen permiso de estar aquí, que están incluidas en la vida, que finalmente no cuentas con ninguna agenda que pretenda destruirlas, que pueden quedarse, por ahora. Y que sólo hay el Ahora. Si los pensamientos están girando sin control y haciendo su fiesta, si hay demasiadas nubes de pensamiento en el cielo de la consciencia, es maravilloso. No intentes detener los pensamientos o silenciar todas esas voces, imágenes, recuerdos, fantasías, porque eso también te hará sentir más ansioso. Sólo los pensamientos querrían detener a los pensamientos. Sé el cielo, en donde las nubes de pensamiento pueden danzar. Los pensamientos no son la realidad, y no son lo que realmente eres. Son sólo sonidos e imágenes. Los pensamientos pueden dispararse hacia el futuro o el pasado, pero eso está bien - eso es lo que hace la mente, constantemente se regresa o se adelanta. Sin embargo tú estás aquí. Tú estás justo aquí; aquí es donde vive tu presencia. Deja que todos los pensamientos estén aquí, contigo, todos los sonidos, todos los sentimientos, todas las urgencias Incluso admite tus sentimientos de no-aceptación, tu prisa por escapar de este momento. Conforme tu cuerpo libera tensión, podrías encontrarte nervioso, bostezando, riendo, o hasta temblando, o simplemente descansando más profundamente… Si no puedes aceptarte a ti mismo como eres, entonces, ¿podrías aceptar plenamente tu incapacidad para aceptar? Y si no puedes aceptar eso, ¿serías capaz de ver que incluso tu incapacidad de aceptar es parte de la vida, parte de este momento, parte del movimiento del universo? No tienes que aceptarte a ti mismo, o aceptar este momento, porque ya ha sido aceptado. Ya está aquí, completamente vivo, y ya es como es. La ansiedad es como un niño pequeño que ha llegado a tu espacio. No ha venido a arruinarte, o a hacerte daño, sino a despertarte. Simplemente quiere ser reconocido, acogido, sólo quiere ser incluido en la inmensidad de este momento. La ansiedad anhela un hogar. ¿Huirás cuando se presente de nuevo, te distraerás, o finalmente le darás la bienvenida? - Jeff Foster